Visitar Transnistria: De viaje en el país que no existe

¿Transnis qué?, ¿De dónde salió este país?, ¿Pero si eso es Moldavia?, ¿Qué hago ahora?

Mientras camino por las solitarias calles de Chisinau, capital de Moldavia, recuerdo estas preguntas que hace un tiempo atrás surgieron, cuando estaba planeando mi viaje por Europa del Este.

Ahora estas preguntan volvían con más fuerza, ya que estaba a punto de visitar Transnistria, el país que no existe. Decir que no existe es un poco radical, ya que tiene bandera, himno, moneda y todo lo que se necesita para ser considerado un país. Lo que ocurre con Transnistria es que no es reconocido por nadie. Para la comunidad internacional es una zona en conflicto que es parte de Moldavia.

Sin embargo, para todos los viajeros que quieren ir de Moldavia a Ucrania, a la zona junto al Mar Muerto, Transnistria es un «país» que hay que cruzar.

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Cuando supe que tenía que cruzar por esta zona en conflicto para ir a Odesa en Ucrania, tuve sentimientos encontrados. Me motivaba mucho conocer un lugar como este, conocido como el último bastión soviético de Europa. A medida que conocía más detalles de su situación, más lo quería visitar.

Transnistria nace tras la caída de la Unión Soviética, cuando Moldavia entra en conflicto con un grupo de separatistas eslavos, quienes proclamaron la independencia unilateral de la República Moldava Pridnestroviana (Transnistria). Esta declaración llevo a una guerra civil en el año 1992 que terminó con un alto al fuego en el que participaron representantes de Moldavia, Transnistria, Rusia y Ucrania. A pesar de esto, la disputa por el territorio y el estatus político de la región continúa sin resolverse. La situación actual indica que Transnistria no existe y esa parte continúa siendo territorio de Moldavia.

Sin embargo, también me preocupaba. La poca información que había disponible, informaba que el país se podía visitar, pero que era complicado el paso fronterizo, ya que a veces la policía pedía dinero a los viajeros para poder pasar. Además, que no se podía sacar fotos en la ciudad e incluso que si te encontraban con una cámara, pedían borrar todos los registros. Para agregarle más condimento, la zona había sido parte de una guerra civil y aun se ecnontraba parcialmente militarizada. Todos estos antecedentes indicaban que los ánimos no eran del todo calmos y daban para pensar un par de veces si era recomendable viajar.

A pesar de todo esto, las ganas de visitar Transnistria pudieron más. Estaba al lado y no podía dejar pasar la oportunidad de visitar el país. O al menos intentarlo.

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Edificios de Tiraspol

Con la idea ya definida, comienzo a buscar algo de información sobre cómo visitar Transnistria y sobre todo, cómo cruzar a Ucrania para llegar a Odesa, el siguiente destino.

En Chisinau, la chica del hostel me da todas las indicaciones para llegar a la terminal desde donde salen los buses para Tiraspol, capital de Transnistria.

Mientras camino a la estación, no puedo disimular la ansiedad. Mil películas pasan por mi cabeza: ¿Y si no me dejan entrar?, ¿si me piden plata?, ¿si me quitan mis cosas?, ¿si piensan que soy un espía y me quitan la cámara?, ¿si me dejan pasar, pero después no puedo salir para Ucrania?, ¿qué haré?

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Estos son los minibuses que corren entre Tiraspol y Chisinau.

Al llegar a la estación no sé donde ir a comprar el ticket. Está lleno de minibuses con nombres que no entiendo. Los chóferes se acercan ofreciendo boletos para ciudades que no puedo ni pronunciar, apenas me ven llegar con la mochila. Me siento un poco perdido entre tanto bullicio y cosas que no entiendo, sobre todo ya que ni siquiera el inglés me puede ayudar. Apenas hablo lo básico.

Luego de unos minutos de absorver información y escuchar voces extrañas, salgo de la estación para despejarme un poco. En ese momento me vuelvo a cuestionar la idea de visitar Transnistria. «¿Qué voy a hacer ahí? Puede ser peligroso y no entiendo nada», me preguntaba mientras miraba a la gente pasar frente a la estación y las tiendas que había a lo largo de la calle.

Después de unos minutos, la motivación y la curiosidad que todos los viajeros tenemos, me poseen y empiezo a moverme para ver como llegar a Tiraspol. El viaje a Transnistria está decidido, pase lo que pase.

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Calles de Tiraspol.

Entro al hall de la estación y me acercó a una de las ventanillas para preguntar por los billetes. «To Tiraspol, please», digo con una sonrisa dirigida a la señora que está del otro lado. La señora me dice que no es el lugar y que vaya afuera, a otra ventanilla. Eso es lo que entiendo de sus señales de manos. Le tiro un «Thank you» y salgo a buscar la ventanilla. Apenas vuelvo al patio donde están los minibuses, se acercan nuevamente los chóferes. Los esquivo y me acerco a una pequeña ventanilla en la que pregunto nuevamente. Una amable señora me vende un ticket y me señala el lugar donde estará la minivan que debo tomar. Tengo que estar ahí en media hora más.

Me despido y paso a comprar un sandwich y una bebida con los últimos Lei moldavos que me quedan. No creo que pueda usarlos en otro lugar y tampoco quiero quedarme con ellos.

A la hora determinada, puntualmente, partimos con destino a Tiraspol. No tengo idea lo que pasará en las proximas horas.

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Autos que se pueden ver en Tiraspol.

La minivan va llena. Por lo que veo va pura gente local, de la zona, a excepción de una chica con rasgos asiáticos y yo. Impaciente, pego la mirada en la ventana. El paisaje muestra solo predios agrícolas y algunos caseríos a un costado de la ruta. El paseo transcurre tranquilo, salvo por los saltos que da la minivan a causa de la ruta, la cual no está en las mejores condiciones.

Mientras disfruto del panorama moldavo, pienso en todo lo que puede pasar. La ansiedad me esta comiendo y ya quiero llegar. De pronto, la minivan baja la velocidad para esquivar unas barreras de concreto que hay en medio de la ruta. «Deben estar para alertar a los conductores o como primera barrera ante un ataque», pienso mientras nos acercamos lentamente a lo que parece ser la frontera.

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Tiraspol.

¿Hay frontera en Transnistria?, esta era una de las preguntas para las que no tenía respuesta. Para todo efecto, Transnistria es parte de Moldavia y no sabía como iba a ser entrar a un país que esta dentro de otro país, más aun con la compleja situación que hay entre las partes.

Al llegar al puesto fronterizo, un militar de Transnistria se sube y empieza a pedir la identificación de los pasajeros. Como todos son de la zona (Moldavia, Transnistria y Ucrania), no hay mayor control. Sin embargo, la chica y yo debemos acompañarlo a la oficina. Me pongo un poco nervioso, pero me tranquiliza el gesto del chofer que también nos acompaña en el trámite: «no problem, no problem», dice cuando lo miro con cara de no tener idea de lo que hay que hacer.

El militar nos acompaña hasta una ventanilla y habla con el chofer en ruso, quien después me pregunta para donde voy. «Tiraspol y Odesa», me apuro en responder. Luego, la oficial que esta detrás de la ventanilla me entrega el pasaporte y un pequeño papel. Es mi tarjeta de migración la que me dicen que no puedo perder por nada del mundo. En el camino a la van reviso si hay algún timbre en el pasaporte, pero no encuentro nada. Al volver a revisar el papel, me doy cuenta que ahí está todo lo que necesito saber: están mis datos y además la hora hasta la que puedo permanecer en el país. Este permiso tenporal indica que son 10 horas las que puedo permanecer en Transnistria, ni un segundo más.

Guardo el papel en el pasaporte y meto ambos en la mochila. Ya estaba en Transnistria.

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La tarjeta de migración que me entregaron al entrar.

Desde el control fronterizo a la estación de trenes de Tiraspol, no nos demoramos más de media hora. En el camino me doy cuenta que he retrocedido en el tiempo. Las casas, los autos, los camiones viejos y todo alrededor, parecen como de otro tiempo. Y en realidad lo son.

Todo se ve algo descuidado y añoso. Moldavia es el país más pobre de Europa y las cosas en Transnistria me imagino que no deben ser mejores, considerando todos las dificultades que deben tener para hacer comercio. La plata no debe sobrar.

La única excepción es el complejo deportivo del equipo de fútbol más popular de Transnistria: el FC Sheriff. El equipo es propiedad de la empresa Sheriff, una de las empresas más grandes de Transnistria, la cual ha enfrentado varias polémicas por su relación con el gobierno, a lo largo de los años.

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Buses que se pueden ver en Tiraspol.

Al llegar a la estación de trenes, pregunto enseguida por los buses para Odesa. Es temprano aun, pero quiero cruzar ese mismo día a Ucrania. Me dicen que salen de ahí mismo hasta la tarde, por lo cual me quedo tranquilo.

Con esto claro, aprovecho de entrar a la estación para ver los trenes. Para mi sorpresa no hay nadie, ni trenes. No parece ser una estación de transporte, donde siempre hay mucha gente dando vueltas. Acá no hay nadie. Soy el único que, como buen viajero curioso, anda dando vueltas.

Dejo atrás la estación de trenes, sin trenes, y comienzo a recorrer Tiraspol, capital de Transnistra, el país que no existe. Decirlo ya suena extraño: «el país que no existe».

Anda muy poca gente en la calle y los autos tampoco corren. Todo se ve muy tranquilo. Tanta calma me inquieta un poco. «Por la hora deben estar todos trabajando o en la escuela. Todo va a estar bien, no te preocupes», pienso después, para bajar un poco la paranoia.

estación de trenes tiraspol
Estación de Trenes de Tiraspol

A simple vista Tiraspol parece ser una ciudad como todas. No se ve nada extraño. El extraño ahí soy yo, con mi mochila al hombro. No hay forma en la que pueda pasar desapercibido.

Camino con calma disfrutando de la experiencia de estar visitando una región que hasta hace poco, ni siquiera conocía y ni su nombre podía pronunciar. Es un poco surrealista estar ahí, pero valoro la oportunidad.

Después de unos 20 minutos de paseo, llego a un parque en el que no hay nadie. Una estatua de algún héroe de guerra en el centro, es lo único que me acompaña. Se trata del Parque de la Victoria (Parque Pobeda). El parque se ve muy bien, limpio y con flores que adornan el lugar. Lamentablemente no hay nadie más que yo, que lo este disfrutando. Como no hay nadie, aprovecho de sacar unas galletas y la bebida que había comprado en Chisinau. El parque es ideal para hacer una pausa y comer algo. Después de un par de kilómetros de paseo, la mochila ya se empieza a sentir más pesada.

Luego del descanso, emprendo para el centro. Después de pasar frente al Teatro de Drama y Comedia, empiezo a recorrer la avenida 25 de Octubre, la más importante de Tiraspol. Apenas empiezo el paseo, me encuentro con un imponente edificio blanco que destaca sobre el resto de los edificios de la calle. Es el Edificio del Ayuntamiento de Tiraspol (Casa de los Soviets), que tiene toda la onda de la arquitectura soviética. Es un edificio bonito, pero lo que más llama la atención no es el edificio, sino que el busto de Lenin que hay justo al frente.

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Parque de la Victoria.

Por el resto de la avenida no hay mucho más. Tiendas casi vacías, algunas cafeterías y comercio general. El ritmo de vida aquí va a un par de velocidades menos de lo acosumbrado. Hasta los autos pasan lentos a pesar de tener toda la calle para ellos solos, ya que no hay tráfico.

La poca gente con la que me cruzo me mira con distancia. Mi mochila me delata como turista y a pesar de que intento cruzar mirada con las personas que pasan para lograr intercambiar algún saludo, no lo logro. Todos me ignoran y pasan de largo.

Camino observando todo alrededor. El boulevard es sencillo y esta impecable, muy limpio. Valoro mucho los arboles y las zonas con plantas y flores que hay junto a la calzada. A pesar de lo simple que se ve todo, el verde adorna la avenida dándole un toque menos urbano. No me gusta cuando las ciudades para parecer más modernas, destruyen toda la naturaleza para dar paso al concreto. Se ve horrible.

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El paseo va sin novedad, hasta que dos banderas puestas afuera de una oficina llaman mi atención. Son las banderas de la República de Abjasia y Osetia del Sur, dos de los tres estados que han reconocido la independencia de Transnistria. El tercero es la República de Artsaj. Estos tres estados tienen algo en común con Transnistria: ninguno de ellos es reconocido como tal por la comunidad internacional y mantienen conflictos por territorio e independencia. Como están en la misma situación, se apoyan para hacer fuerza. Si alguno de ellos logra algo a nivel internacional, los otros podrían seguir el mismo camino. Difícil que pase, eso si.

En este punto la avenida se ensancha dando paso a una explanada y a una gran plaza. Para ser la avenida principal de la ciudad, me sorprende que casi no pasan autos. Alrededor del parque solo unas pocas personas, la mayoría adultos, caminan sin prisa.

abjasia y osetia del sur tiraspol
Banderas de Abjasia y Osetia del Sur en Tiraspol. Ambos tienen una oficina en la capital.

Mientras camino al ritmo transnistrio, mis ojos se clavan en el particular monumento que hay en medio de una pequeña plaza unos metros más adelante: un tanque T-34. No, no estoy alucinando. En Tiraspol hay una plaza cuyo monumento central es un tanque, un tanque soviético.

El tanque es el monumento más llamativo de la plaza en la que hay, además, otros que buscan conmemorar la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial, al igual que una llama eterna en honor a los soldados caídos y otros monumentos relacionados con los conflictos recientes.

Pero el tanque es el que se roba toda la película. Nunca había visto una plaza que tuviese un monumento tan singular como este. Quiero sacarme una foto junto al tanque, pero mis ganas se frenan cuando recuerdo haber leído un artículo en el que un viajero contaba que un policía le había hecho borrar todas sus fotos, ya que no estaba permitido. La caseta policial que estaba junto a un puente, también me frena. Sin embargo, igual tomo mi celular y me saco un par de selfies lo más disimulado posible. No quiero tener problemas con nadie ni menos en un país que no existe y en donde no hay a quien reclamar.

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Mi selfie con el tanque.

Después de sacar las fotos, camino algunos metros hasta encontrar el edificio del Gobierno de Transnistria, otro de los lugares que quería conocer. Más allá de la arquitectura soviética del edificio, lo que quiero ver es la estatua de Lenin que hay frente a el. Otra más. Para pasar más desapercibido (imposible para un tipo que camina con dos mochilas), me paro del otro lado de la calle para sacarme una foto. No puedo irme de Tiraspol sin sacarme una foto acá, con Lenin.

Luego bajo a la «playa» que hay junto al río Dniéster. Apenas unas pocas personas se ven disfrutando del sol que a esa hora de la tarde pega muy fuerte. Tenía la intención de pasar más rato ahí, pero desisto, ya que prefiero caminar un poco más por la ciudad antes de partir a Odesa.

En el camino a la estación, vuelvo a pasar por la estatua de Lenin y por el tanque. Lo hago para despedirme de dos símbolos que marcan a fuego la historia de Transnistria: la influencia ideológica y el conflicto armado.

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Muy poca gente en la avenida principal de Tiraspol.

En la estación cambio algunos euros por rublos de Transnistria, la modena oficial del país. No lo quería hacer, pero es la única moneda con la que puedo comprar el boleto. Cambio lo justo eso si, ya que en ningún otro lugar los voy a poder ocupar. No tienen validez más allá del territorio transnistrio.

Todavía me queda tiempo, pero decido partir antes, ya que no quiero cruzar la frontera de noche. Me da mayor seguridad hacerlo de día. A los pocos minutos llega el bus casi lleno desde Chisinau al que me subo feliz y con la satisfacción de haber visitado Transnistria. Estaba contento por haberme atrevido a pasar por ahí, sin embargo estaba preocupado, ya que ahora tenía que salir sin problemas y entrar a Ucrania de la misma forma. La aventura aun no terminaba.

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El edificio del ayuntamiento.

En menos de media hora nuevamente estaba frente a la frontera de un país que legalmente no existe. Cuando la minivan para, se sube un militar que repite el mismo procedimiento que al ingreso: revisa una por una las identificaciones. Cuando le paso mi pasaporte, se detiene un momento y con cara de no entender nada, dice: ¿Chile? Con toda la buena onda afirmo: «Yes, Chile». Luego pregunta en un inglés igual de malo que el mío, que si hablo ruso. Lo miro y le digo: «no, only Spanish». A lo que responde riéndose, al igual que el resto de los pasajeros. Era el único que no era de la zona, el único turista. ¿A quién se le ocurre visitar un lugar como este?, seguro estaba pensando más de alguno de los que iba en el bus.

Después de eso se va con mi pasaporte y la tarjeta de migración, para luego volver al minuto solo con el pasaporte. Ya puedo salir de Transnistria.

Ahora tengo que entrar a Ucrania. Falta el último paso para terminar el viaje.

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La playa junto al río Dniéster.

La frontera ucraniana es mucho más grande y se ve mejor equipada que la del lado transnistrio. Un militar se sube y pide las identificaciones de todos, pero esta vez se las lleva. Como soy el único que no es ni ucraniano, moldavo o transnistrio, me preocupo. No sé lo que va a pasar. No debería tener problema, ya que los chilenos no necesitamos visa para entrar a Ucrania y tengo todo en regla.

Al rato vuelve el oficial, con las identificaciones de todos menos mi pasaporte. Ahora si que estoy nervioso. Me bajo de inmediato para avisarle al chofer que no tengo mi pasaporte y que no se vaya sin mi. El señor mucho más relajado que yo, repite «no problem, no problem, wait».

En este post encontrarás otra gran aventura: mi viaje a dedo de un año por Europa.

Nuevamente vuelvo a recordar otra info que había leido acerca de la situación fronteriza en esta zona. Como Transnistria es el que tiene el control de la frontera en ese lugar y no Moldavia, país que para todo efecto es el reconocido y legal, a veces se habían producido algunos problemas para los viajeros al momento de entrar a Ucrania, ya que este país tampoco reconoce a Transnistria como tal. La info que había leído decía que en algunas ocasiones la policía ucraniana le pedía plata a los viajeros para dejarlos pasar, ya que como no tenían el timbre moldavo de salida no podían ingresar a Ucrania.

Todo un problema que ya veía que iba a tener que enfrentar. Cinco minutos después aparece el oficial que había retenido mi pasaporte junto a una oficial que parece ser de más rango, la cual me mira y luego le indica al chofer que habra la maleta para ver mis cosas. Al ver mi mochila, la oficial hace un gesto que esta todo bien y me pasa el pasaporte sin decir nada, en realidad sin decir nada que pudiera entender. Hablan todo en ucraniano.

Aliviado recibo el pasaporte y empiezo a buscar el timbre de entrada para confirmar que esta todo en regla y no tener problemas al salir del país. Como en la sexta página lo encuentro y vuelvo a respirar. Oficialmente ya estaba en Ucrania y mi aventura por Transnistria había terminado con éxito.

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No entendía nada de la info en la estación de trenes.

El resto del camino solo fueron risas y alegría por haber logrado el objetivo de visitar Transnistria. No podía creer que lo había hecho y que había salido todo bien.

Las horas que estuve recorriendo las calles de Tiraspol fueron un viaje al pasado. Los autos viejos, diría que algunos tenían más años que la propia Transnistria, edificios de corte soviético, la tranquilidad de una ciudad-capital atípica (sin gente), el tanque en medio de la plaza y la historia en torno a este lugar sacado de otra era, lo hacen un lugar muy atractivo para viajeros como yo, quienes gustamos de lugares poco tradicionales y hasta un poco incómodos para visitar. Visitar Transnistria bien vale un viaje por esta zona de Europa del Este. Una aventura con todas sus letras.

Infomación práctica para visitar Transnistria


  • Cómo llegar a Transnistria: hay minibuses con bastante frecuencia a Tiraspol y a otras ciudades de Transnistria, que salen desde la Autogara Centrala de Chisinau. Desde Odesa (Ucrania), también hay buses para Tiraspol, pero desconozco el lugar de salida.
  • Moneda e idioma: en Transnistria el idioma que predomina es el ruso, aunque el moldavo y el ucraniano también se hablan. Por lo que vi, el inglés se habla, pero a un nivel muy bajo. La moneda oficial del país es el rublo de Transnistria. Lo ideal es cambiar lo justo y necesario, ya que esta moneda no es aceptada en ningún otro país. Hay una casa de cambio justo en la estación de trenes y otras en la avenida 25 de Octubre.
  • Es seguro Transnistria: no tenía las mejores referencia de la policía fronteriza de Transnistria, pero para mi suerte, no tuve ningún problema con ellos ni con la policia de la ciudad. Por otra parte, hay que decir que la zona no está en guerra. Es un área tensionada por la situación política, pero que no sufre conflicto armado de ningún tipo por estos días.
  • Visa para Transnistria: se puede visitar Transnistria por 10 horas para fines turísticos. Para estancias más largas, se debe tener un alojamiento asegurado y hacer un registro con la policía en donde se debe indicar el lugar que se ocupará y los datos personales.
tanque tiraspol

Gracias por acompañarme en esta aventura por Transnistria, el país que no existe. Es un lugar sacado de un libro de historia, detenido en el pasado y que espera con ansias progresar por un mejor futuro para su gente. Un lugar muy interesante para visitar que ofrece una aventura asegurada.

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