Un día de lluvia en el Valle de la Luna

Valle de la Luna, San Pedro de Atacama.

¡Bienvenido al Valle de la Luna!

San Pedro de Atacama, este pequeño pueblo ubicado en medio del desierto más árido del mundo es uno de los destinos turísticos más importantes de Chile y porque no decirlo, del mundo.

Seguro más de alguno ha visto alguna fotografía de los alucinantes atardeceres en el Valle de la Luna o de las Lagunas Altiplánicas.

¡Yo vi muchas! Cada año veía por TV o por internet, imágenes de este maravilloso lugar. Me parecía muy lejano, inalcanzable, como si estuviera en otro país o en otro planeta (sus espectaculares paisajes así lo parecen).

Hasta que me animé y fui. Han pasado cinco años de ese viaje (2013), mi primer gran viaje. Un viaje marcado por la lluvia. ¿Lluvia en el desierto más árido del mundo?  Si, lluvia.

Ahora les cuento porqué.



Valle de la Luna.

Postales del Valle de la Luna.

¿Cómo llegué a San Pedro? En bus desde Santiago.

Hace 5 años los vuelos low cost no eran opción o sencillamente no existían como hoy, por lo cual la alternativa “más conveniente” fue viajar en bus. Primera y última vez que lo hago.

Desde Santiago a San Pedro son más de 1600 Km de distancia, lo que significaba un viaje de 24 horas. En teoría 24, ya que el bus a la salida de Copiapó quedo parado por una falla mecánica, por lo cual el viaje se extendió a 27.

Lo repito, nunca más hago un viaje de este tipo en bus.

San Pedro de Atacama

Callejeando por San Pedro de Atacama.

Ya en San Pedro, fui directo al hostel que una amiga me había recomendado. Además de las habitaciones compartidas, había una zona para instalar carpas. Elegí este último lugar, ya que andaba con una y además era más barato. Instalé la carpa y salí a dar una vuelta.

El pueblo es pequeño y al recorrer sus calles se puede observar de inmediato que es muy turístico. Por todas partes se pueden encontrar agencias ofreciendo excursiones como también alojamiento. La oferta es muy amplia.

Junto a la plaza central destaca la Iglesia de San Pedro de Atacama, cuya construcción actual data de mediados del siglo XVIII. Estaban haciendo algunos trabajos, por lo cual no se veían del todo bien.

Después de un par de vueltas regresé. Estaba cansado, las 27 horas de viaje me habían pasado la cuenta. Esa noche dormir en la carpa fue como hacerlo en un “hotel 5 estrellas”.

Iglesia de San Pedro de Atacama.

Estaban reparando la iglesia. De noche, iluminada, se veía más bonita.

Al día siguiente, fui hasta el Pucará de Quitor, antigua fortaleza de piedra utilizada por los atacameños, construida en la ladera de un cerro junto al río San Pedro.

Desde el hostel eran poco más de 2 Km. Fui caminando. Mucha gente también lo hace en bicicleta (“bici” de ahora en adelante).

Tras recorrer las ruinas, subí hasta el mirador que hay en lo más alto del pucará. Es espectacular, se puede ver de todo: volcanes, valles y el río contrastan con el verde de los árboles del pueblo. Es un paisaje de gran belleza.

Además, en la cima había un memorial en honor a los 25 caciques atacameños que fueron decapitados en una batalla, por el control del territorio, contra las fuerzas españolas en el año 1540.

Pukará de Quitor.

La antigua fortaleza atacameña en la ladera del cerro, el Pukará de Quitor.

Después del pucará continué caminando por el valle siguiendo el curso del río. Lento, observando el paisaje, agradeciendo la sombra que unas pocas nubes otorgaban por minutos. Hacía calor y olvidé llevar agua (gran error). Caminé hasta la pequeña Capilla de San Isidro en Catarpe y luego comencé el regreso al pueblo.

El río y sus escasas aguas me acompañaron en el camino. Muy pocas veces o tal vez nunca, había tenido un paseo como ese.

La soledad y la belleza del paisaje me daban una inexplicable sensación de paz y tranquilidad. Por un rato dejé de pensar y me dediqué a disfrutar el maravilloso panorama.



Valle de Catarpe

El Valle de Catarpe desde el Pukará de Quitor.

El día miércoles arrendé una bicicleta para ir hasta el Valle de la Luna. Hacía meses, tal vez años, que no andaba en bici. Los 15 kilómetros de distancia no me intimidaron y me pareció una buena forma de recorrer el valle.

Salí temprano, ya que por la tarde llegaba un amigo desde Santiago y la idea era pasarlo a buscar al terminal. Esa era la idea.

Con el cielo despejado y mucho calor inicié la excursión. La primera parte fue relativamente fácil, ya que estaba pavimentado, pero un poco antes del ingreso comenzó el camino de tierra. También mi sufrimiento.

Valle de la Luna, San Pedro de Atacama.

Una de las tantas veces que boté la bicicleta.

Como no andaba en bicicleta hace mucho tiempo, me costó acostumbrarme. Parecía un niño aprendiendo a pedalear, literal (créanme que no estoy orgulloso de esta confesión). Aún llevo con cariño en mis piernas un par de recuerdos de ese paseo por el valle.

Las extrañas formaciones de roca y arena, las tonalidades de colores y el manto blanquecino provocado por la alta concentración de sal, ofrecían un paisaje alucinante, único. Lo disfruté mucho.

Lento, a veces pedaleando (otras caminando), avancé por el valle. Admirando, deleitándome con el sorprendente y silencioso entorno en el que estaba. Soñado.

Anfiteatro del Valle de la Luna.

El Anfiteatro del Valle de la Luna y la bici en el suelo.

Una gran muralla de roca y arena, a un costado del camino, llamó mi atención. Era el Anfiteatro, uno de los más famosos puntos del valle. Lo dejé atrás y seguí pedaleando por una larga rodeada de pequeños y brillantes fragmentos de sal escondidos entre la arena. A lo lejos veía a Las Tres Marías esperándome. No se confundan, no eran unas amigas, sino una extraña formación rocosa formada y tallada a lo largo del tiempo por el viento y la erosión de la sal conocida con ese nombre. ”Los vigilantes” es el otro nombre que tiene.

Las Tres Marías, la bici y yo.

Había una familia paseando en auto. Apenas llegué me pidieron unas fotos. El palito “selfie” no existía hace cinco años atrás. Aproveché y también les pedí un par.

El clima había cambiado. Por un lado se veían nubes grises, mientras que por el otro se mantenía despejado. Estaba raro.

Decidí volver para llegar a tiempo al terminal a buscar a mi amigo. No era muy rápido con la bicicleta, ya lo saben.

Frente al Anfiteatro, encontré a otros “ciclistas”. Seguimos juntos el viaje, pero ellos eran mucho más rápidos que yo, por lo cual no pude seguirles el ritmo. A esa altura ya no quería más bicicleta.

Mucho viento y hasta un arcoíris hubo antes de la tormenta.

Minutos más tarde nos encontramos de nuevo, poco antes de la entrada, para mirar algunos remolinos que se estaban produciendo por la tormenta.

Nos apuramos en volver, ya que comenzó a llover un poco. ¡Si, lluvia en el desierto!

Paramos en el puesto de control. Mucho viento, truenos y relámpagos se hacían sentir. Era impresionante el espectáculo. Nos resguardamos en una sala, ya que la tormenta alcanzó su máximo nivel. Ya no era la sal la que blanqueaba, sino los granizos que cambiaron radicalmente el panorama.

Lluvia en en Valle de la Luna.

Fue muy fuerte la lluvia. Lo que estaba todo seco ahora estaba inundado. Impresionante.

Yo no lo podía creer. De un momento a otro el desértico paisaje, el más árido del mundo, se llenaba de riachuelos bajando de los cerros y charcos de agua. En solo media hora cambió todo.

Había más personas esperando en la sala. Unos apenas comenzaban el paseo, mientras otros se habían devuelto a medio camino debido a la tormenta.

Agua en el Valle de la Luna.

El camino quedo bloqueado y por algunos días no se pudo visitar el valle.

Estábamos conversando cuando de pronto empezamos a escuchar gritos. Salimos y vimos a un chico con las manos arriba pidiendo ayuda. A causa de los riachuelos algunos caminos quedaron bloqueados, por lo cual no podía pasar.

Un improvisado grupo de rescate se formó para ayudarlo. La tormenta y ahora una persona atrapada necesitando ayuda, era algo que jamás imaginé que podía pasar en ese caluroso, soleado y tranquilo día en el Valle de la Luna.

Finalmente, el chico logró cruzar por un lugar donde no había tanta agua, por lo cual nuestra ayuda no fue necesaria. No le fue fácil cruzar, en la foto siguiente verán como quedó su ropa.

Ese era el chico atrapado, él del barro hasta el hombro. Yo el de celeste y gorro.

¿Creo que les conté que por la tarde llegaba un amigo? Yo lo olvidé por completo. Poco después del “rescate” recibí una llamada de un teléfono desconocido. Era mi amigo que se había conseguido un teléfono para ubicarme. Llevaba una hora esperándome en la estación de buses. Le di el nombre del hostal para que preguntara cómo llegar, ya que “por razones de fuerza mayor” no podía recogerlo.

Minutos más tarde, el grupo de ciclistas (ya éramos varios), decidimos continuar el viaje de regreso al pueblo. No fue fácil para mí, ya que el camino estaba cortado en algunos puntos y era complicado pasar por el agua, además ya no quería pedalear.



Amigos en el Valle de la Luna.

El grupo de ciclistas y “rescatistas” volviendo al pueblo.

El grupo siguió adelante y yo atrás, pero ni siquiera hice el intento de alcanzarlos. Volví caminando, acompañado de las últimas luces del día, en medio del humedecido y transformado paisaje del desierto más árido del mundo.

Un atardecer inolvidable.

Pasé a dejar la bicicleta y luego regresé al hostel. Estaba inundado, incluso las habitaciones. La casa no estaba preparada para recibir tanta agua. Temí  por mi carpa. Por suerte, solo tenía un poco de agua, ya que no la había cerrado correctamente.

Atardecer en el Valle de la Luna.

Embarrados, pero felices. Una gran experiencia. Hermoso atardecer.

Mi amigo, ¿se acuerdan de él?, ya estaba en el hostel y solo faltaba guardar sus cosas en la carpa.

Debido a la emergencia todos comenzamos a ayudar un poco para devolver a la normalidad las condiciones del hostel, ya que los encargados no daban abasto. Gracias a ello, se formó un muy buen grupo que continuó compartiendo los días siguientes. Cocinamos, fuimos a un par de fiestas y hasta un atardecer disfrutamos. Había gente muy buena onda.

Hasta “terremotos” compartimos entre los que estábamos en el hostel. Gran grupo.

Estuve una semana en San Pedro de Atacama. A causa de la lluvia no pudimos hacer todo lo que teníamos planeado, pero eso pasó a un segundo plano, ya que la buena onda de la gente que conocimos y los maravillosos lugares que visitamos, borraron todos los inconvenientes que el mal tiempo había provocado.

El día de la tormenta ha sido uno de los más insólitos que he vivido. El Valle de la Luna, de por sí, es un lugar extraordinario, mágico. Pero todas las cosas que pasaron, desde volver a andar en bicicleta hasta la pequeña inundación del hostel, añadieron ingredientes extras que transformaron esa jornada en un recuerdo inolvidable.

Seguro muchas cosas han cambiado en 5 años. Solo les puedo recomendar que preparen bien su viaje y déjense maravillar por este fascinante lugar ¡Disfruten!

Lagunas Altplánicas.

Un poco de las maravillosas Lagunas Altiplánicas. Pronto un post sobre esa experiencia.

PD: Mi experiencia en las Lagunas Altiplánicas, Géiseres del Tatio y Laguna Cejar quedan para otro post. Estén atentos.


Qué ver y hacer en San Pedro de Atacama más información práctica:

  • Durante diciembre y marzo es probable que te encuentres con “el invierno altiplánico”, fenómeno que suele provocar lluvias por todo el altiplano en los lugares por sobre 2000 metros de altura. Ojo con esto, ya que a veces puede provocar que se cancelen o varíen los tours, si ha llovido mucho. Eso me paso a mí.
  • La oferta de alojamiento es variada y hay mucha, desde camping a lujosos hoteles, por lo cual depende de tus intereses y presupuesto elegir la mejor opción. Siempre es bueno leer referencias y comentarios, en caso de que ocupes alguna aplicación para buscar hospedaje como Booking, Hostelworld Airbnb.
  • También hay muchas agencias de turismo. Revisa referencias y las condiciones del servicio para no pasar un mal rato.
  • Aplicaciones que utilicé: ninguna. En 2013 no conocía ninguna.

Fecha del viaje: febrero de 2013


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