Chefchaouen: Un oasis azul en medio de las montañas

Chefchaouen, la ciudad azul.

Chefchaouen

Cuando subí al autobús en Tánger con dirección a Chefchaouen, estaba ansioso. Quería llegar pronto para ver con mis propios ojos este pueblito que, hasta ese momento, solo había visto en fotografías. Estaba extrañamente atraído por este lugar. Seguramente fue por esa característica tan especial que lo hace un lugar único en el mundo: “el azul“.

Este pequeño pueblo de cerca de 40 mil habitantes es famoso por el color azul que está presente en gran parte de la ciudad, predominando en su antigua medina. Creo que esta fue una de las grandes razones para viajar hasta ahí, tal vez la principal, ya que debo confesar que el azul es mi color favorito.

Todos tenemos un color favorito y el mío es el color de Chefchaouen, “la ciudad azul”.

Chefchaouen, Marruecos.

Mi desayuno en Tánger antes del viaje

¿Cómo llegar a Chefchaouen?

Yo lo hice en bus desde Tánger. Cuando fui a comprar el pasaje a la estación de buses de Tánger habían muchos vendedores ofreciendo boletos para los pueblos más cercanos, como también para las principales ciudades de Marruecos. Caminaban de un lado a otro y se acercaban apenas veían a un nuevo cliente, antes de que pudieran ingresar a la estación, donde estaban las oficinas de venta. ¡Tetúan! ¡Chaouen!, y otros nombres de ciudades que no recuerdo, se podían escuchar al caminar un poco por la terminal. Fue un poco molesto, para ser sincero.

Luego de evitar el acoso, y sin hacer caso a las ofertas, llegué al interior y pregunté en una de las ventanillas. La persona que me atendió no hablaba nada de español, por lo cual fue un poco difícil comprar el boleto, ya que yo no hablo inglés y menos árabe. Luego de un par de preguntas, lenguaje de señas y spanglish logré finalmente comprar el ticket a Chefchaouen.

Chefchaouen, Marruecos.

En el bus hacía Chefchaouen

El viaje desde Tánger dura poco más de dos horas con una parada en la ciudad de Tetuán. El bus era cómodo, costaba un poco más que el resto, pero igual era conveniente. Me fui sentado junto a la ventana para ver el paisaje durante el viaje. Siempre lo hago, desde niño, ya sea si viajo en auto, bus, micro o avión (desde que comencé a viajar de esa forma también). En el camino me sorprendí gratamente, ya que todo era muy verde. Algo de la cordillera del Rif, zona montañosa del norte de Marruecos, pude admirar a través de mi ventana. Porque en ese momento era “Mi ventana”.

Tras llegar al pueblo y luego de dejar mi mochila en el hostel, salí inmediatamente a recorrer y a perderme entre las calles de la Medina de Chefchaouen (ciudad antigua). Por que perderse y dejarse llevar por los sonidos y aromas de la ciudad es la mejor forma para conocer y descubrir este oasis azulado. Sin prisa, sin atender al reloj. El límite lo pone la curiosidad y las ganas de descubrir rincones fascinantes en este laberinto de escalinatas, muros e incluso suelos pintados de azul.

Me sentí realmente afortunado de estar en un lugar como ese.

Chefchaouen la ciudad azul.

¡Bienvenido a Chefchaouen!

El pueblo es pequeño y tiene  dos áreas bien definidas: la zona moderna (nueva) y la antigua. Esta última corresponde a la Medina, la cual es el principal atractivo de la ciudad. Es pequeña y tranquila en comparación con la medina de Tánger, mucho más caótica y bulliciosa.

Entre las angostas calles hay tiendas ofreciendo pinturas, ropa, postales, artesanías, artículos hechos en cuero o cuadros con los paisajes del lugar. Los colores vivos de los productos apostados fuera de ellas, chocan con el  azul que predomina por todas partes. El contraste es hermoso.

En Chefchaouen todo es azul.

Una de los rincones más lindos de Chefchaouen

Pero, ¿Por qué Chefchaouen está pintada de azul?

Existen varias teorías al respecto. Algunos dicen que es por una mera cuestión práctica, ya que el azul ayudaría a espantar a los mosquitos. Por otra parte hay una teoría histórica que indica que el color azul lo trajeron los judíos que llegaron a la ciudad, a eso del 1930, para simbolizar el color del cielo y la libertad.

Hoy en día la tradición de pintar las casas de azul se mantiene, ya que es la principal atracción y fuente de ingresos de la ciudad, gracias a los cientos de turistas que vienen de todas partes del mundo.

El azul ha sido mi color favorito de toda la vida. Es el color de mi equipo de fútbol en Chile (la U), por lo que visitar Chefchaouen y ver todo pintado así era, de algún modo, un sueño por cumplir. Y lo cumplí. Esta fue la confesión del viajero (tal vez podría hacer una sección en el blog con otras confesiones. Lo pensaré).

Terminé el primer día callejeando por la medina, observando la gente pasar y admirando cada detalle que me ofrecía este hermoso lugar.

Las montañas de Chefchaouen

Esta era la vista desde la terraza del hostel, acá se tomaba el desayuno.

Al día siguiente, después del desayuno en la espectacular terraza del hostel, continúe explorando el pueblo. Me alejé del centro para llegar hasta las murallas que rodean la medina. Caminando entre las callejuelas menos transitadas por los turistas, comencé a encontrar a los residentes del pueblo en sus actividades cotidianas: niños jugando o volviendo a casa después del colegio, gatos (hay muchos), personas conversando o tomando té afuera de sus casas o sentados en las escalinatas. Todo mucho más tranquilo y natural.

Gatos en Chefchaouen.

Hay muchos gatos en Chefchaouen. Ya están acostumbrados a las fotos e incluso posan para la cámara como este.

Las calles de Chefchaouen

En esta calle estaba mi hostel. Maravillosa.

La mezcla de tonalidades es preciosa. A cada paso me daban ganas de hacer una foto. Cada rincón es una oportunidad para capturar un recuerdo. Una fachada, ventana, puerta o macetero de colores, convierten el paseo en un escenario pintoresco digno de inmortalizar. La combinación perfecta entre tranquilidad y belleza.

Al dejarse llevar por los sinuosos pasajes, inevitablemente se llega al corazón de la medina: la Plaza Uta el-Hammam. Junto a la plaza también se encuentra la Kasbah y la Gran Mezquita. La rodean una gran cantidad de tiendas y restaurantes. Si se quiere comprar algún recuerdo, este es el lugar (regateen si es posible).

Plaza Uta el-Hammam, Chefchaouen

La plaza Uta el-Hammam, centro de la medina.

Continué caminando por los alrededores de la plaza. Tenía hambre así que entré a una pequeña cafetería, atraído por los deliciosos dulces que había en la vitrina. Aproveche de comprar un té de menta para acompañar los dulces (me encanta el té moruno). Al cabo de unos minutos y luego de repetir la compra (estaba todo muy rico), comencé a conversar con el dueño de la tienda. Terminamos comentando las noticias que estaban pasando en un canal local, en una mezcla de inglés, español y una que otra palabra árabe que el señor trataba de enseñarme. Fue muy curiosa la situación, pero algo nos pudimos entender, al menos esa fue mi impresión.

La ciudad azul de Chefchaouen

Callejeando por la ciudad azul.

Luego de la conversación, atravesé la plaza con dirección hacia el manantial Ras el Maa, cuyo curso de agua todavía lo utilizan las mujeres del pueblo para lavar la ropa en los lavaderos que se encuentran en el lugar. Por el costado de los lavaderos hay un camino que conduce hasta la mezquita Jemma Bouzafar, ubicada en una colina cercana, a unos 15 – 20 minutos de distancia.

Desde la mezquita se puede ver una magnífica panorámica de la ciudad. Un oasis azulado en el medio del verde de las montañas.

Chefchaouen, un oasis azul.

La ciudad a los pies de las montañas.

Una de las experiencias de viaje más emocionantes que he vivido fue escuchar el rezo de los musulmanes desde este lugar. El sonido de los altavoces, ubicados en cada una de las mezquitas de la ciudad, poco a poco comienza a inundar cada uno de los rincones del valle. Fue un momento muy especial y sin duda, completamente diferente a lo que estamos acostumbrados las personas que venimos del otro lado del mundo, del otro lado del charco.

Colores de Chefchaouen

Hay detalles por todas partes.

Ese fue mi último paseo por Chefchaouen. No pude encontrar mejor forma para terminar este corto, pero fascinante viaje por la ciudad azul de Marruecos, “mi ciudad azul”.

Un lugar para disfrutar y contemplar. Sin duda, una ciudad especial. 


Qué ver y hacer en Chefchaouen más información práctica:

  • ¿Te gustan los gatos? En Chefchaouen hay muchos.
  • Fijarse en las puertas de las casas de la medina. Son muy lindas y llenas de detalles.
  • Regatear lo que más se pueda al comprar. Siempre será posible conseguir un mejor precio.
  • Disfrutar de un atardecer en la mezquita Jemma Bouzafar. Imperdible.
  • ¡No olvides la cámara! Seguro te van a a dar ganas de tomar muchas fotos.
  • La moneda de Marruecos se llama Dirham
  • Come uno (o los que quieras) de los exquisitos dulces marroquíes. Acompáñalos con un buen café o un té moruno, para mí la combinación perfecta.
  • La empresa de autobús que utilicé fue CTM. Bus limpio y cómodo. 50 dirham el viaje.
  • Aplicaciones de viaje usadas: Hostelworld para el hostel, Maps.me para ubicarme en la ciudad y Xe Currency para el tipo de cambio.

Fecha de viaje: Mayo, 2016


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